El arte en la medicina

Decir que la medicina es un arte trae consigo muchos planteamientos, desde verla bajo la óptica científica que poco tiene que ver con las bellas artes o verla como una actividad creativa afirmando que por su carácter humanístico pueda ameritar la sublime aunque confusa denominación de actividad artística.


El arte (del latín ars) es más conocido como el medio de expresión humano de carácter creativo que engloba todas las creaciones realizadas por el ser humano que le permiten expresar una visión sensible acerca del mundo, ya sea real o imaginario.

Cabeza de Estudiante de Medicina, Pablo Picaso 1907

El ámbito de las bellas artes emplea recursos plásticos, lingüísticos o sonoros para expresar ideas, emociones, percepciones y sensaciones. Hasta aquí poco parece tener que ver el concepto de arte con la actividad médica y más aún con nuestro más delicado eslabón como lo es la relación médico-paciente.

Las disciplinas dentro del arte son varias (arquitectura, danza, escultura, pintura, música, poesía), otras nuevas disciplinas que se han incluido son el cine, la fotografía y hasta la historieta.

No obstante, el vocablo ‘arte’ tiene una extensa acepción, siendo empleado para designar cualquier actividad humana hecha con esmero y dedicación, o cualquier conjunto de reglas necesarias para desarrollar de forma óptima una actividad: se habla así de “arte culinario”, “arte médico”, “artes marciales”, “artes de arrastre”, etc. Es así como el término arte es usado entonces como sinónimo de capacidad, habilidad, talento, experiencia. Sin embargo, más comúnmente se suele considerar al arte como una actividad humana creadora por la cual produce una serie de objetos (obras de arte) que son singulares, y cuya finalidad es principalmente estética.

El origen de la expresión “el arte de la medicina”, muy probablemente, se debe a Aristóteles en el libro primero de Metafísica donde clasifica el conocimiento en Ciencia, Experiencia y Arte. Para Aristóteles  la ciencia busca el conocimiento por la mera curiosidad innata del ser humano mientras que el arte busca una utilidad al nuevo conocimiento tal como curar ciertas enfermedades. Así pues, según la clasificación Aristotélica se considera arte a la medicina, la arquitectura, y prácticamente cualquier disciplina que genere algo, pero también la música, la poesía, la pintura, etc. Sin embargo, son estas últimas las que se han tomado para sí el término y las que casi todo el mundo entiende por arte. Finalmente, Aristóteles se refiere a la experiencia como el conocimiento que poseen los diferentes oficios, pescador, agricultor, carpintero, etc.

Platón y Aristóteles, por Raffaello Sanzio (detalle de La escuela de Atenas, 1509).

Bajo el punto de vista aristotélico la medicina es un oficio que cumpliría con las tres formas del conocimiento. No obstante, la visión aristotélica si bien abrió las luces a nuevos conceptos no tiene que ser perfecta ni mantenerse en todos sus puntos sin cambiar o mejorar. Para aquel momento los famosos médicos griegos eran filósofos como en los casos de Platón o Sócrates. No es de extrañar que ante esta visión humana la medicina fuese una ciencia con matices de arte bañando a la lógica, el razonamiento y el método científico. Fueron surgiendo los conceptos de la medicina racional y la ética médica como parte de la búsqueda de la verdad, se aspiraba a la gloria, la razón y la belleza, el arte de vivir. La ciencia y la filosofía alcanzan un apogeo sin precedentes en literatura, arte, filosofía y medicina, esta última va hermanada de las otras por sus ejecutores.

Uno de los más apetecidos temas en este sentido ha sido considerar que diagnosticar es un arte, esto puede venir de la semejanza que se ha creado entre el trabajar con la salud de los seres humanos con algo divino, sin embargo hay quienes afirman que este concepto es errado y por más entregado que esté el médico al conocimiento y a su labor de ayuda a otras personas está lejos de que su labor científica sea una expresión artística.

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La ciencia nace de bases objetivas basada en ponderables, hechos predecibles y muchas veces reproducibles; el arte nace de la subjetividad y creación, ambas son expresiones diferentes del mismo entorno humano. Es la comparación del cerebro y el alma. Sin embargo, ¿es el saber médico sólo ciencia o hay un espacio para la subjetividad?, ¿no es la unión de ambas cosas el denominado buen “ojo clínico” basado en sólidos conocimientos, larga experiencia y una buena dosis de talento personal. Siendo así, probablemente también sería Sherlock Holmes un artista como nosotros, ambas cosas pueden ser verdad.

La idea de la salud vinculada a lo divino es ancestral y ya lo encontramos en el Poema de Gilgamesh narración Mesopotámica considerada como la narración escrita más antigua de la historia:

¿A donde vas, Gilgamesh?
La vida que tú buscas
nunca la encontrarás.
Cuando los dioses crearon a los humanos
destinaron la muerte para ellos,
guardando la vida para sí mismos.

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Si el ser humano es la obra más maravillosa de la naturaleza, y la salud es el tesoro más preciado del ser humano; quienes fueran capaces de restaurarla seguramente acabarían teniendo una imagen humanitaria mayor de la convencional, esto ha enriquecido la imagen de aquellos médicos dedicados al cuidado y atención del ser humano, aún cuando en algunos casos otros sujetos han tomado para sí este beneficio no obstante parecen haber perdido el sentido que los llevó a esa idea llenandose de una majestad aún no lograda.

El niño enfermo
Obra: El niño Enfermo (1886), del pintor Venezolano Arturo Michelena

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