¿Quién es el autor?

Cuando se escriben artículos para una página web como esta hay que pasar por varias etapas en el proceso de creación, primero la idea (punto de inicio variable pues no  todos los días llega la musa), luego la investigación que se acompaña del modelado o replanteamiento del problema, con o sin soluciones, y finalmente la redacción, esta última involucra tanto verter nuestras ideas para comunicarnos a través el lenguaje escrito como mediante el lenguaje visual seleccionando o creando las imágenes a usar para el contenido y las cabeceras. Aquellos quienes dispongan de colaboradores, editores u otros recursos seguirán algún otro paso del mismo mecanismo.

Sin embargo, hay momentos en los que nos asalta la duda autoral en nuestros trabajos y nos preguntamos, ¿estaré siendo original?, ¿Qué tanto podremos estar tomando de modo inconsciente de lo que leemos de otros autores y cuánto de ello incorporamos en nuestro trabajo?, ¿Quién es el auténtico autor?  No sé si todos en algún momento se lo preguntarán pero con frecuencia me he visto haciendo revisiones centrípetas, que inician en el entorno y buscan el fondo, terminando en la reflexión, nuevas dudas  que investigar y con suerte algunas conclusiones.

Tuve ocasión de aclarar un poco estas inquietudesue nacidas en el campo de la redacción y autoría cuando leía sobre originalidad de la obra fotográfica. La fotografía no es sólo tomar una cámara y presionar el botón de disparo, realmente tiene un fondo profundo de lenguaje y transmisión de mensaje, de filosofía y arte, mucho hay que leer para ir conociéndola y a quien le gusta concebirla bajo este planteamiento seguramente tendrá menos libros de técnica y más de lenguaje, historia, filosofía, crítica y estética, al contrario de lo que la mayoría cree.

Roland BarthesAsí, leyendo para una tertulia sobre la originalidad de la obra fotográfica me encontré con dos obras de los años sesenta del siglo XX que son pilares de la filosofía aplicadas a la obra escrita y que han sido extrapoladas al lenguaje visual, uno es el trabajo sobre “La Muerte del Autor” de Roland Barthes cuya primera versión fue publica en 1967  con la cual tengo grandes acuerdos en el origen de las ideas y el papel del lector, y algunas discrepancias en el papel casi estático que le atribuye al autor. Este trabajo hay que enlazarlo con el discurso que hiciera en 1969 Michel Foucault sobre “¿Qué es un autor?”. Sus posturas ocurrieron en un momento histórico en el cual se buscaba desmitificar al autor y muchos de sus planteamientos son discutibles, aunque fascinantes, de ellos tomaré para este post solo las ideas que pueden servir para aclarar mi punto.

Desde el modernismo iniciado por Baudelaire a finales del siglo XIX se ha generado un cierto imaginario del autor como individuo genial e irrepetible, capaz de idear novedosas creaciones donde la originalidad prima como diosa suprema. Esta noción ha sido desafiada a partir del posmodernismo y han sido pensadores como Barthes y Foucault quienes cuestionaron seriamente el rol del autor.

Al cuestionarse sobre la autoría Barthes señalaba que es inevitable que en el transcurrir de la vida tomemos y luego empleemos términos o ideas que hemos venido colectando en nuestro proceso de aprendizaje por lo que nuestras frases no son del todo originales pues proceden de un pasado cultural histórico, lo que hacemos es reutilizar las palabras de otros (autor como mediador) y transformarlas para darle un nuevo sentido, así el texto es infinito, comparable con un tejido de citas provenientes de más de mil focos de la cultura, cuyo poder lo dará el mezclar las escrituras y en ocasiones lograr que estas se lleven la contraria unas a otras. Luego de que la nueva obra se materialice tiene el destino de ser leída y su mensaje florecerá en la mente de un nuevo sujeto: el lector, quien le dará su propia interpretación dependiendo de su background de vida y el contexto, de alguna manera tomará lo que le parezca para rehacer el discurso, así es como muere el autor para dar nacimiento al lector como ente reconstructor. Ahora bien,  el autor no es un simple elemento estático, aquí discrepo de Barthes.

La generación de un “nuevo discurso” empleando elementos que decantamos a través de nuestra cognición generará autoría, siendo que la originalidad de la obra es una cualidad vinculada con ser nuevas o novedosas.

Michel FoucaultMichel Foucault agrega con su trabajo la noción de transdiscursividad señalando que las ideas entre los textos que leemos una y otra vez dialogan entre ellas, siendo el discurso de posibilidades infinitas, los textos irán más allá del autor, se exteriorizarán y seguirán caminos independientes e inmortales, mientras el sujeto que escribe no deja de desaparecer.

Estos planteamientos son extrapolables a cualquier campo del conocimiento y la medicina no lo es menos, la prueba está en las citas bibliográficas que hacemos en los artículos de la literatura médica donde se numeran cada uno de los autores a los que adjudicamos alguna idea escrita que desarrollamos para hacer con ellas nuestro propio discurso que al ser leído dará paso a la reutilización del pensamiento por parte del lector.

Verán así como entonces sin un proceso cognitivo que involucre nuestra reelaboración del discurso dentro de la creación, que difiera del proceso mecánico involucrado el arco reflejo del simple cortar y pegar, no habrá autoría.

Nos encontramos en un modelo de cultura socialmente mediada, donde el público no es un mero consumidor de mensajes pre-construidos, sino de personas que están dando forma continua al mensaje, compartiendo, re-mezclando y re-contextualizando los contenidos mediáticos.

El lector ahora muere para ser el autor.

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