¿Cuánto cuesta una conferencia?

A medida que voy impartiendo conferencias en aquellos sitios donde me han invitado inevitablemente se sigue modificando mi punto de vista sobre el mundo de los que nos toca esta labor. Así que decidí publicar un artículo sobre el costo de una conferencia del lado del expositor.

Les comento que el 99% de las conferencias impartidas en mi vida han sido gratuitas, así que aquellos que quieran saber cuánto se cobra no obtendrán aquí esa razón, de hecho muchas veces hasta he pagado alguna parte de los gastos no visibles inherentes a la estadía. Nunca me ha pesado, pues como muchos he visto el deber de colaborar exponiendo el conocimiento que pueda tener en alguna materia más aún cuando sé que existe una gran necesidad de información sobre las enfermedades vasculares. Siempre es agradable hacer algo que te gusta, es parte de la naturaleza humana, no obstante la naturaleza humana de quien recibe el beneficio sin ese gasto también se mueve dentro de un rango de conductas predecibles, desde los realmente atentos hasta los menos, aunque como para todo habrá su excepción.

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Los costos del expositor definitivamente no son mensurables. En primer lugar están las largas horas de estudio, la búsqueda del material adecuado con las mejores evidencias que puedas obtener, siempre el expositor tiene sobre sus hombros el deber de conocer a fondo el tema del cual va a hablar y no estar actualizado no es deseable. Debemos reconocer que gran parte de los artículos no son gratuitos y los libros mucho menos.

Estudio y ConferenciaLuego viene la inversión del tiempo frente a un ordenador organizando la información y transformando nuestra experiencia, enriquecida de las inquietudes que hemos captado, para ser llevada a imágenes representativas. Pues bien, para ejemplo sólo la clase número uno de las tres que forman mi taller de ultrasonido carotídeo al sumar el tiempo de todas las veces que lo edité lleva 48 horas continuas de edición cuantificado por PowerPoint, se imaginarán el trabajo que ello representa para sólo una de las decenas de conferencias que toca impartir.

A ello hay que sumar las horas que les restamos a nuestras familias por dedicarnos a todas las etapas de esta labor, un precio inalcanzable.

Después nuestras andanzas en aeropuertos, hoteles, taxis, centros de convenciones. A ello no se le puede quitar la pérdida económica y moral que representa dejar tu trabajo para trasladarte a dar la conferencia pues no sólo dejas de percibir mientras los gastos de tu oficio siguen pasando factura si no que tal vez dejas de atender a alguien que pudiera necesitarte y quien sin tal vez consultar se trasladó pensando que ese día le podías atender. Muchas veces para el expositor el viaje es un día de ida, uno de vuelta, además del día de la conferencia, y pueden ser más dependiendo del temario del evento.

Luego está la menos mensurable experiencia que adquieres con los años, de altísimo valor profesional, y que deseas tratar de llevar a tu audiencia. Alguien puede acaso valorar las mejores tomas de eco que expresen los casos poco frecuentes que tenemos la suerte de llegar a conocer y de los cuales muchos de los asistentes a la conferencia nunca habrán visto uno; realmente esas imágenes no se toman solas por mejor que sea el equipo, suele haber un profesional de alto entrenamiento detrás de la foto o el vídeo.

Pues bien luego de todo ello y si eres bueno te sucederá que la audiencia te pide más y te salen invitaciones de una y otra parte a lo mismo, a dar otras conferencias. Si se tratara de viajes de placer o te permitieran hacer un paseo de turismo vale, pero realmente son de trabajo, un trabajo que haces con agrado pero acompañado de esfuerzo, puedes pasar horas en una terminal, nunca conoces adecuadamente la ciudad donde te llevan y hasta a veces pasas malos ratos en algún punto de toda la cadena de cosas que deben suceder para que la conferencia llegue a buen término.

Por todo ello no critico a quienes cobran, indudablemente que es un trabajo enorme y valdría la pena considerar su remuneración en los casos de cursos donde se cobra una inscripción, que en medicina muchas veces se cobra pero no se paga al conferencista.

Por ello creo que al expositor debe dársele la consideración que merece, no es deseable pedirle que cancele sus gastos, así no siempre acudirán los mejores sólo los que acepten esta condición por nobleza extrema o por desear la oportunidad que en otro caso tal vez sería cubierta por otro.

Recordemos que quienes damos conferencias nos nutrimos de la buena disposición de nuestros patrocinadores, de la disposición de la audiencia al aprendizaje, en resumen de la consideración al esfuerzo.

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